Tuesday, August 26, 2008

Ofrecen libros frescos, baratos y a domicilio

Por Dora Luz Haw

En un hecho casi insólito dentro del mercado de los libros, hoy es posible conseguir, por sólo 50 pesos, ediciones sumamente cuidadas sobre temáticas no ordinarias y con impresiones impecables, sobre arte, la urbe y literatura.
Hasta ahora son seis las publicaciones realizadas por Casa Vecina, Espacio Cultural de la Fundación del Centro Histórico, institución privada de carácter público, que desde el año pasado comenzó a trabajar en el impulso de la colección titulada Libros de la Meseta.
Con tirajes de mil ejemplares cada uno, los textos pueden encontrarse en las librerías más importantes de la Ciudad de México, entre ellas, las del Fondo de Cultura Económica.
Y si trasladarte por el DF es pretexto para no adquirirlos, Casa Vecina ofrece la opción de llevártelo a domicilio por 15 pesos más cada libro y, si esta oferta fuera poco atractiva, si compras cinco te regalan el sexto.
La campaña la impulsa el promotor de la editorial, Antonio Calera-Grobet, escritor que desde los 90 promueve iniciativas editoriales y que, al convertirse en 2006 en director de Casa Vecina, consideró indispensable lanzar un sello.
A pesar de que las actividades que se realizan en este espacio cultural convocan permanentemente a un público, el editor consideró que era indispensable difundir de manera mucho más amplia y contundente la labor de Casa Vecina.
Interesado en promover la producción propia, en principio se acercó a gente que conocía y que estaba trabajando en materiales inéditos poco comunes. Tal es el caso del poeta uruguayo Eduardo Milán, quien después de dedicar casi todo su trabajo reflexivo a la poesía latinoamericana, realizó un ensayo sobre poesía mexicana.
A fin de abarcar un ámbito temático muy amplio, Calera-Grobet dividió la colección en tres dominios: Urbe, Arte y Literatura.
En Urbe me interesa todo el pensamiento sobre el patrimonio vivo, las crónicas, la antropología, podríamos decir que la microhistoria. Pero me interesa que sea gente de 30 años la que se acerque a escudriñar esos símbolos que en otras épocas han sido trabajados por cronistas ahora mayores.
La idea es que sean nuevos los ojos que vean a la vieja ciudad y se interesen por temas actuales, dice.
Ejemplo de ello es La Muerte de tu Lado, libro hecho por vecinos de la calle Regina, donde se ubica el centro cultural, quienes ya tenían un trabajo fotográfico de más de cinco años sobre la Santa Muerte en Tepito.
En el caso de las publicaciones sobre Arte, no le interesa hacer catálogos de obra para la proyección o legitimación de algún autor, sino impulsar la reflexión sobre las manifestaciones contemporáneas y publicar textos que sean arte en sí mismos.
Me interesan temas como el mercado y el espacio público. Me gustan las miradas frescas porque creo que es importante incentivar el nacimiento de nuevos valores.
Creo que hace falta un relevo generacional en la crítica artística y este es un buen medio para ayudar a la consolidación de voces que requieren de publicaciones para su asentamiento, señala.
Piensa que en México hay una crítica efímera que se difunde en los medios de comunicación así como otra más seria, que hacen los centros de investigación, pero cuya elaboración es mucho más pausada y de lenta sedimentación y que ahonda en temas quizás no tan frescos.
Quiero textos que no encuentras en revistas, sino el trabajo de alguien que tuvo tiempo para escribir y tomó de manera perpendicular o tangencial la crítica que conocemos. Me interesa que se atrevan a pulverizar el formato del ensayo, agrega.
En cuanto a la línea literaria, su objetivo sigue siendo el de estimular nuevos talentos, por ello, tras iniciar con un autor consolidado como Milán, se publicó Divino Tesoro, una antología que reúne trabajo de autores nacidos entre 1976 y 1990, quienes se reunieron en un encuentro convocado por la propia Casa.
Hasta ahora, los libros pueden encontrarse en el DF, sin embargo Calera-Grobet busca su difusión en todo el País, sobre todo a través de pequeñas librerías y ferias del libro.
Los primeros lanzamientosHasta ahora el centro cultural Casa Vecina ha realizado seis publicaciones en su colección Libros de la Meseta.
Urbe
La Muerte de tu Lado
· De Claudia Adeath y Regnar Kristensen.
· Investigación de carácter antropológico sobre las prácticas religiosas y culturales en torno a la Santa Muerte en el barrio de Tepito.
Arte
15 minutos de flama
· De Erik Castillo.
· Meditación que se pregunta por el estado actual de la crítica de arte.
Símbolos, Fantasmas y Afectos. 6 Variaciones de la Mirada Sobre el Arte en México
· De José Luis Barrios.
· Análisis desde el punto de la filosofía y la historia del arte, de seis artistas mexicanos.
Monumentos Menores.
Mutaciones en el Paisaje Urbano
· De Sandra Calvo y Pedro Ortiz Antoranz.
· En esta edición bilingüe se reúnen diversos registros gráficos sobre objetos y estructuras disociados de su función original, ubicados en los espacios públicos de diversas ciudades.
Literatura
Sobre la Capacidad de Dar Sombra de Ciertos Signos como un Sauce
· De Eduardo Milán.
· Reflexión sobre la poesía mexicana.
Divino Tesoro. Muestra de nueva poesía mexicana
· Muestra de poetas nacidos entre 1976 y 1990.

Fuente: Reforma / México
Martes, 26 de agosto de 2008

Thursday, August 21, 2008

Tiempal
Libro de pinturas
por Orlando Guillén


Con el bastón abría un hoyito,
y sembraba una tos; abría un hoyito,
y sembraba una tos
Salarrué

No quieren morir las muchachas muertas,
siempre enamoradas.
Enamoradas del amor nonato.
Del pecho escrupuloso de los jóvenes cadáveres machos.
De la plancha sangrienta del espejo de Lesbos.
De entrambasaguas como las sirenas y los centauros.
Las indiferentes
rasgan la cremallera del himen
impoluto de los ataúdes y saltan como violines
en la fiesta del crepúsculo
los adolescentes muertos que se masturban con condón.
Carmen bajó antes que yo
bajara a su agujero, hambreada de amores
inconsútiles, y antes que yo me viniera
y todo se fuera a la chingada
devoró la carne negra de la savia
y dejó la blanca para las gusanas de ramazón.
Su aliento fue ceniza entre baba blanca entrecortado
y espasmo el fuego verde
de sus cuencas verdes
amorosas y hostiles.
La montura de las muertas
es despojo entre los pingajos de la guerra.
Las más ilusas pisan papeles de música,
perfuman corcheas, estremecen la hojarasca
mojada de los bemoles.
Las velas amarillándoles la hora del orgasmo.
Trapo de corazón invíctima el tropel de las mujeres
atragantadas con el capullo terminal.
Yo no andaba en el mundo.
No intentaba lamentarlo.
No sabía
para qué sirve el cielo,
para qué el trote cerval de las ciervas frente al cazador.
De lo contrario me hubieran amado
desde el balcón de las gardenias soñado por los botones,
bajo la blusa verde, temblorosa.
Los botones apenas rosa de los pechos tronchados
por mano de uña de viento.
Yo comía mi yerba, yerba de mi pecho
que me crece hirsuta y me estorba para amar
cuando amo
más de la cuenta,
y con mi yerba comía el costillar
de los animales muertos
para desayunar.
Me adornaba con tornillos de dulzura.
En tren de abajo delante de mi muerte
con la mi mano paso tu mano niñavieja por una cabeza
tierna de gaviota derrumbada en vuelo
escupiendo en sangre mocos a mi novia muerta
con las patas parriba.
Un muerto enamorado
es polen capuleto
y me anda alborotando las abejonas muertas.
Ya me voy.
Me llevo mi costal de güesos patener
donde caerle.
Dejo mi bolsa y las praderas
de mi pecho
llenas de maña curtida.
Muerto en hombros me llevo a enterrar
en la grupa de una negra roja como higo revirao.
Lame beso parcial de olas
la vida muerta
y esto ya vale amor
contra la muerte,
almeja
chunga,
zapato roto para un pie podrido.
Frutescente
vida en podredumbre; escarabajo
que arrempuja mierda; moscona
verde de cagandería en letrina;
sanguinolento bisté tierno y deleitoso crudo
como mi suerte.
Las amorosas apestan a pezconejo
y a cosa viva con alas y sin patas.
La intemperie el espíritu les besa,
y apestan a la cosa de sangre que es tu madre
en los pelos de tu padre.
Qué hay de la vida en la lucecita que sangra el aire
abaratada por un manazo.
Como si estuviera pintada
también en el Libro de Pinturas
en aire de abanico
a su vuelo
tiñéndolo de mueca sabia
colorada solamente pamorir.
Es parásito neutro de la mano lo que es de la vida,
y lo que la muerte le debe al amor
en sombrerera
cama de puta muerta
es parásito de la puta.
Hay que sanchear porque atrás vienen los muertos
sancheando inercia y levantando censo.
Los muertos.
Descarne de Cromañón.
Los pervertidores de metales
de la carne y de la sangre abyecta dan la vuelta
a la máscara inmortal
proveyendo de cutis a las muertas.
Extasis muerto resucitado sin fe.
Ilusión de vida de amor
es y se pudre aunque se queme en acto.
Amar sin ser amao
es como limpiarse el culo sin haber cagao.
Se la maman
solos los muertos.
Los jorobaos.
Jipe Totec
se la mama solo.
Hunde cuchillo en corazón que sufre
asedio de vena ajena.
Le deja a guardar navaja.
Le da su tranquilidad.
Quedan las estrellas.
¿Quedan?
¿Por qué?
¿Para qué?
Zánganas de Espejo
finito del color de lo infinito
revoloteando un vuelo sordo
de mariposas muertas en la nada mortal.
Noche en los ojos de aguja Pintados
en la cara vaciada de porqué y de cuándo.
Una tierra como axila emplumada
así nomás nacida sin siembra
en la noche muerta de los pájaros de güesoquebrao
Amarillura de las matas verdes
de los maxilares cundidos
de alegría
en la rebullente putrefacción donde
menos que el horror
de su chicotazo vitando
el gusano
come muerte ajena
y muerte propia
come como puede
pululante
y muere
y nace
indiferente
en el hedor que queda de los días cagantes
y meadores
Los días muertos
se suceden sin espuma
en la boca de los caballos sin boca
en la solapa mojosa de los abedules
sin sombra
en las metáforas de vida
que nadie jugará a las cartas
metiéndole apócrifo
a la morra incierta
un farolazo de amores vencidos
Sangre zorra
que queda
en mi mesa solitaria
Los días muertos
queda
en el mundo una violeta de oro
filosofal
hechiza
oro de mano pudiente
opulenta de ases
oro prendedor
en oreja de muchacha muerta
que yo terregalé.
Guante de mano de aire
dedea muchacha lírica
inspirada
viniéndose
en halcones de grito
gemido glorial
como bandadas arrebatadas por la muerte
al aire
no se diga a los días
Mano halcón del aire
Más podridas que amor chupando chiches
de la arenga liberticida
(prófugas de buhardilla
ligeramente ebrias y panzonas),
jediondas redondeando día
van de picoteo por la tarde unas palomas
En su vuelo torpe y corto empapado de versos
y fotografías reveladas en misterio
de ala pesada
busca raíz el revuelo
del viento podrido
A estas muertas las entierro en el gorjeo
del aire
como al pensamiento
tumbo
que no trina más
Mortal como misterio a sí mismo sensible
a sí mismo aspirándose
el viento
matador
Pájaro muerto
parado en la antena muerta
no muere de lo que sabe
Del colmo de lo que ignora
De horas
de amanecer
no
cosa
o no señal
enamorada
en los hocicos
En la ceniza que fue
hoguera
de una trenza
morena
En la ausencia que no tiene llenadera
siguiendo el juego amigo de lo ajeno
del amor pringao:
entre piernas
que lo reprueban al mérito de la vida
de los prójimos armados
y desaparecidos
sin mi encarnadura
Brindo con las muertas y me inclino
por una que todavía tiene boca
que pintarse
y besos que pisarme en primavera
Para el amor las muertas
no son casadas
Los maridos
de las muertas se han ido todos a la guerra
y de allí todavía
no regresa
Balajú
Es amor peludo
que no deja cicatriz
Es calvo de su sueño
Y su sueño
abotagao
bótigo
va poco a poco pudriéndose
en mi nada
y en la de ellas Y vivimos
un amor
amante
que cae
por
las
escaleras
en la parranda de los boleros muertos
chupándonos
la melaza de los dedos
tiernos
la cucharada
sopera
de espíritu
espesa
la melancolitis
por la inmusa
languideicida
languidérmica
Tragándonosla,
Perro,
tragándonosla
Alto Tiemplo Alto Tiemplo
Alto Tiemblo
el gorgoreo cabrupto Alto
Tiemblo
el buche cantor
de donde cuelga
anhelante mi cadáver Alto
Tiemplo
viendo amaneceres que despuntan
desde la punta de los pies
balanceándose
Cadáver de un ahorcao
que fuera otro
aunque el mío fuera el cagao
Amor que brota del harpa
de los amores vivos
pudriéndose con temperancia
acústica
y tono de palpitar
en los amoríos crecidamente muertos
Es amor que cobra
de lo que paga
porque cuando paga
no viene pidiendo fiao
Se descuelga
y pisa tierra yerma
alas y alas de zopilote
muerto
La pelona
nuez del rey Nopo
agachao
La comilona
de los buitres
viejos
como un recuerdo niño
Niño NIÑO
Los ojotes que pela la virtud picoteando
y la mierda que tragaron
besa con el pico
Raya de carne floriada
sin labios
raya cosmética
dejo de polvo
silvestre
putrefactora
en lengua humana
la cupular
yugulada
cabeza del enemigo
en la pared de fresnos
de los rencores funéreos
Hay horizontes
bajo tierra
que parecen mandados a sembrar
por jardineros muertos
mandados a sembrar
por jardineros vivos
mandados a sembrar
por jardineros muertos
mandados a sembrar
por jardineros colgantes
de las ramas
a la entrada de los jardines
eternos
donde duerme personal
el sueño de las flores muertas
sueño de andadores desiertos
y cálices que marchitan
sonoros silencios pútridos
con rezumante hedor
de llave
de todos los culos
balanceándose
Indignidad del instante
llevándome
sin rebasar
sin merecerme
como me llevo yo
sin soportarme
indignidad
ni dignidad
ni ahimuere

Tuesday, August 05, 2008

Todas las fiestas del mañana.
Reseña de Divino Tesoro, Muestra de nueva poesía mexicana (ed. Luis Felipe Fabre, 2008)

Por Luis Jorge Boone

Descartemos el ejercicio vulgar de contabilizar ausencias lamentables y presencias inexplicables –paradójico y fatal: toda antología parecerá tener sobrecupo y a la vez carecer. Es posible leer de dos formas esas colectividades artificiales: la primera (valga el desaliñado símil), como hacemos con el repertorio de las rocolas, consiste en recorrerlas de arriba a abajo, descartar, ponderar y quedarnos con nuestra propia (sub)selección. La segunda estrategia lectora es verificar la operación matemática que el marco crítico supone (comprobar el mecanismo de inclusión/exclusión). Dichos supuestos de selección guían y legitiman (o no), y deben probar su uniformidad así como la consistencia de sus señalamientos estéticos.
¿Es posible identificar en ciertas antologías recientes un afán de incontestabilidad? ¿O será que, lectores paranoicos, les otorgamos dicho estatus, imaginando molinos de viento para luego, en guerra santa, arremeter contra ellas? El gusto a prueba de balas, la opinión blindada: cuentos que sucumben ante su inverosimilitud. Aspirar al consenso general –esa extralimitación de la estadística– equivale a ambicionar, por lo menos en cuestiones estéticas, un estéril punto muerto. Por tanto, tener en cuenta las propias limitaciones es una virtud –la que noto de entrada en Divino tesoro / Muestra de nueva poesía mexicana–, la mesura y la parcialidad asumidas: el libro “tiene mucho más de memoria –explica Luis Felipe Fabre en el prólogo– que de panorama: recoge las voces de los invitados al encuentro del mismo nombre que se llevó a cabo de marzo a junio de 2008 en Casa Vecina”. Ante la corrección política y la tolerancia a destajo, se nos ofrece (no el diagnóstico de la poesía mexicana sino) una interpretación. En principio, un vistazo al estrato de los “disidentes”. ¿Qué rasgos reconoce el antologador en sus antologados?: a) los poetas han construido una genealogía mirando hacia fuera de México; b) Gerardo Deniz se encuentra, felizmente, al final (o casi) de todos los laberintos; y c) disconformes con “una estética dominante que lleva ya tiempo en crisis”, el sabotaje y la supresión de la misma son los cuadrantes en que se mueven las propuestas.
Divino tesoro toma el relevo de la generación 65-79, objeto ya de antologías varias, y explora el segmento 76-90. Comento ahora autores y poemas que me parecen notables. Eduardo Padilla (1976), sintomáticamente con quien inicia la lista –y quien ya nos había sorprendido con el extraño Zimbabwe, poemario incómodo y sorprendente, artero gancho al hígado de la norma–, cuyos poemas incluidos prosiguen su huida de las convenciones lectoras y la crítica a la línea recta por medio de poderosas insinuaciones y observaciones tangenciales. Maricela Guerrero Reyes (1977), con su “Poema en que se retoma el Beatus Ille”, marca un momento álgido de la muestra: a partir de una casual añoranza por los espacios abiertos, la poeta dribla la pura nostalgia –marcando el camino con sátiras de imágenes campiranas y senos exuberantes que no sugieren la abundancia– y reflexiona con ironía y humor sobre la inevitable degradación del cuerpo. La serie “Antropología” de Hugo García Manríquez (1978) resume con creces el proyecto personalísimo que el autor desarrolla en sus libros No oscuro todavía y, sobre todo, Los materiales: minimalismo de una voz pseudorracional que verifica hallazgos en lo abstracto a través de contemplaciones terrenas, donde se mezclan discursos científicos con métodos líricos para bosquejar paisajes miniatura. En esta muestra de novísimos encuentro poemas destacables, redondos, del tijuanense Omar Pimienta (1978), el toluqueño Sergio Ernesto Ríos (1981), el regiomontano Óscar David López (1982) y el defeño Inti García Santamaría (1983).
Entre poemas que se pierden en el peliagudo terreno de la experimentación y los que toman riesgos formales bien sorteados, entre propuestas calibradas y otras que se encuentran en proceso de maduración, entre la grafomanía y la búsqueda consciente, encontramos muestras de una poesía, por mucho, más tradicional. Óscar de Pablo (1979), Miguel Gaona (1984), Daniel Saldaña París (1984) y Aurelio Meza (1985), entre otros, se ubican en un estrato cuyos rasgos –profundidad, cuidado formal, limpieza– se señalan en el prólogo como antitéticos al resto. Poéticas más “conservadoras”, pero los poemas no desmerecen en lo más mínimo: todo lo contrario. Destaco, entre estos últimos, “las pequeñas cosas” de Gaona y “Recámara” de Meza.
No obstante la clara filiación sudamericana que Fabre denota, me parece que hay antecedentes en el territorio nacional de estas “actitudes frente al fenómeno poético”: la reinvención de la cultura pop y el humor ágil de José Eugenio Sánchez (1965); las visiones y (per)versiones cultas y posmodernas de Julián Herbert (1971); el desmadre elevado al rango de filosofía para transitar los altibajos vitales en Ricardo Castillo (1954); la bien llevada experimentación –el traqueteo como aliento– de José de Jesús Sampedro (1950). Muchas de las poéticas ochenteras de Divino tesoro tienen una referencia en ciertas trayectorias marcadas y sugeridas en generaciones anteriores, aunque escasamente continuadas (a veces ignoradas por completo) por sus relevos inmediatos.
En el prólogo, Fabre dice que la antología es una “fiesta” donde hay invitados y no invitados. Como lector, me satisface comprobar que el futuro de la escritura poética –esa fiesta a la que hemos sido tentativamente convidados– puede comprender la coexistencia de obras diversas. Ninguna antología está invitada a clausurar caminos –eso lo hacen ciertas obras geniales– sino, en todo caso, a abrirlos. A través de esta memoria, sabemos que el encuentro de Casa Vecina no siguió una línea inconciliable con otras, sino que, ponderando las mencionadas poéticas emergentes, abrió el foro para ilustrar la convivencia de dichas poéticas con otras menos “arrojadas” pero igualmente vigorosas. ~

Fuente: Letras libres / México
Agosto 2008, año X no. 116