Monday, March 05, 2007

ECOS... sí, pero el camino sigue
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Mis buenos internautas, me tomo un espacio para agradecer a todos los ecos que formaron parte del evento (un abrazo a mis grandes amigos los devrayativos, al buen Rafa, Inti, Paniagua...)y solo me queda decir: CONTINUARÁ...

Pero,por el momento,la vida del blog debe (también) continuar. Por lo que los dejo con un cuento de Itzcoatl Jacinto Vergara. Un arazo a todos

A las cinco de la tarde las galletitas todavía están íntegras en el plato de porcelana, el aliento del vapor del té hace volutas en el aire destemplado. Fuera de la realidad, el espejo se traga el horizonte y lo tergiversa en un dibujo a lápiz borroneado. En ese cuerpo líquido todo es carbón diluido haciendo figuras con movimientos parapléjicos. Una mano de dos dimensiones toma una galleta, dejando caer puntitos negros sobre la alfombra de trazos nerviosos y decoraciones irregulares. Su suéter bordado sin punto es cruzado por una cinta negra informe. El cabello lo tiene alborotado con esos pelos sin ton ni son, rayas por cualquier lado llenándole la parte superior del cráneo, cayéndole una u otra en la frente. Esos ojos puramente negros, de sucintas pestañas y cejas de una línea precisa. Cada movimiento es acompañado por un sonido sórdido, como si rasparan una tiza contra el pizarrón en medio del vacío. Abre la puerta, adivinando el exterior aún en blanco, mas poco a poco el lápiz construye los cuerpos, algunos inmóviles, otros moviéndose torpemente, aturdidos por su reciente nacimiento. Ya está abierto un lago que refleja inverosímilmente unas montañas nevadas, impuestas en el horizonte atestado de nubarrones en espiral. Camina sobre un suelo liso, apenas mancillado por piedras de un único molde. Las agujetas de sus zapatos están amarradas en moño a penas sujeto por un punto, parecen no tener el mismo largo, al igual que el pantalón que le llega a los tobillos, dejando ver los calcetines cuadriculados. Holicek Brano llegó hasta la orilla del lago ondulante, lanzó la mirada más allá de las montañas impertérritas y volvió a descubrir su mirada verde en la solidez del espejo. Se descubrió bien sujeto al lápiz que paría imágenes sobre el papel. Se encontró pariéndose una vida paralela del otro lado del espejo, mientras sostenía el cuaderno de dibujo mostrándoselo al espejo. Afuera el horizonte era una masa irregular de edificios grises, confundidos con las nubes lloronas en el cielo. Holicek Brano descubrió en el dibujo un rostro de diecinueve años parecido al suyo, un cuerpo similar. Volvió a tomar el lápiz, colocó el cuaderno sobre la mesa de las galletas y el té, juntó su brazo al de la figura en el papel y comenzó a tejer su piel a la del dibujo con los trazos del lápiz. Estaba en el balcón que daba a la ciudad y poco a poco su mirada fue perdiendo el horizonte urbano.