(por un servidor)
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Es curioso darse cuenta de que la noche en que deseas quedarte en la casa de un amigo por la flojera de regresar a tu hogar, el muy miserable se encuentra en el concierto de The Mars Volta; luego, te paras enfrente de esas maquinas extraterrestres metrobuseras, le introduces un billete de cincuenta pesos, recoges tu tarjeta y te quedas pensando –¿y por qué carajos esta basca no me da mi cambio?- , levantas la mirada y justo en tu carota, un enorme y rojo letrero que dice “NO DA CAMBIO”. Después, permaneces parado en doctor Gálvez, con un gesto de pocos amigos y una mugrosa tarjeta con cuarenta y dos pesos de crédito que verdaderamente te van a durar mucho mucho tiempo. Miras por la ventanilla mientas te levantas del asiento y después de distinguir entre la obscuridad el WTC, como mosca al parabrisas piensas –¡Roberto es la opción!- , sacas el celular, le marcas y le marcas y le marcas e inclusive le vuelves a marcar, pero nadie contesta. Te sientes molesto y por alguna razón la música ha dejado de sonar, metes la mano al morral, sacas el aparato y para tu no sorpresa, se han agotado las baterías, luego te deslumbra una de esas cosas enormes que recolectan gente, le haces la parada, subes apáticamente, sueltas el pasaje con un –a sta fe- sobre una mano velluda y comentas –va a ser un laaaargo viaje-. Tomas asiento y, cansado, te pierdes pegado al grasiento cristal…
Es curioso darse cuenta de que la noche en que deseas quedarte en la casa de un amigo por la flojera de regresar a tu hogar, el muy miserable se encuentra en el concierto de The Mars Volta; luego, te paras enfrente de esas maquinas extraterrestres metrobuseras, le introduces un billete de cincuenta pesos, recoges tu tarjeta y te quedas pensando –¿y por qué carajos esta basca no me da mi cambio?- , levantas la mirada y justo en tu carota, un enorme y rojo letrero que dice “NO DA CAMBIO”. Después, permaneces parado en doctor Gálvez, con un gesto de pocos amigos y una mugrosa tarjeta con cuarenta y dos pesos de crédito que verdaderamente te van a durar mucho mucho tiempo. Miras por la ventanilla mientas te levantas del asiento y después de distinguir entre la obscuridad el WTC, como mosca al parabrisas piensas –¡Roberto es la opción!- , sacas el celular, le marcas y le marcas y le marcas e inclusive le vuelves a marcar, pero nadie contesta. Te sientes molesto y por alguna razón la música ha dejado de sonar, metes la mano al morral, sacas el aparato y para tu no sorpresa, se han agotado las baterías, luego te deslumbra una de esas cosas enormes que recolectan gente, le haces la parada, subes apáticamente, sueltas el pasaje con un –a sta fe- sobre una mano velluda y comentas –va a ser un laaaargo viaje-. Tomas asiento y, cansado, te pierdes pegado al grasiento cristal…