La empleada del mes
por Óscar Édgar López
Limpiaba los residuos de comida que se me atoraban en la boca mientras disfrutaba viendo el programa dominical de cantantes amateurs. El guardia en turno no se presentó a trabajar y la supervisora estaba fuera de la oficina arreglando asuntos que sólo las supervisoras pueden arreglar. Era un día tranquilo, faltaban tres horas para cerrar el minisúper, los clientes eran tan esporádicos que me daba el lujo de comer en horas laborales. Pensaba en Antonio Banderas, lo imaginaba sumergido bajo mi uniforme, cerré los ojos para disfrutar más la fantasía; cuando escuché que alguien entraba en la tienda, salí del cubículo donde me encontraba, eran dos muchachos, la clásica pareja de amigos, uno gordo de baja estatura, el otro delgado y exageradamente alto, se notaba en el rostro de los dos algo sospechoso así que los vigilé con recelo. El obeso, creyendo que no lo veía, tomó dos cervezas de raíz, las metió en la bolsa de la chamarra, luego tomó algunos paquetes de cigarros y los metió en el pantalón, el flaco hizo lo mismo.
Cuando estaban por salir corrí a la puerta, les aticé un escobazo en la cabeza, el gordo me arrebató mi arma, me apaleó en el vientre, y el otro se había quitado el cinturón, me golpeaba con él en las nalgas y la espalda; conseguí llegar hasta el interruptor de la puerta, corrieron pero no lograron salir, estaba histérica, desesperada, pude golpearlos varias veces a cada uno en los testículos; al caer ambos, tomér la escoba y los apalee, les daba con fuerza, gritaban, ni yo misma conocía ese don para golpear, quedaron inmóviles, no sé si muertos o desmayados, los desnudé, tenían un cuerpo suave, eran dos cuerpos jóvenes y disponibles, los acaricié, jugué con sus penes, arrugados y tibios, luego les di por el culo con la escoba, era como limpiar la cañería, metía el palo y lo sacaba lleno de sangre y excremento. Después de tres horas aquello se había puesto aburrido, llevé los cuerpos al refrigerador de las carnes frías (no podía desperdiciar tanto alimento) y volví por fin a la verdadera diversión: el programa de cantantes amateurs.
Óscar Édgar López (Zacatecas, Zac., 1984) es un cuentista joven, ha publicado sus historias en revistas de todo el país, como Abisal (Quintana Roo), El subterráneo (Morelia), Ventana interior (Centro-Occidente) y Cuiria (DF). Es miembro del comité editorial de Barca de Palabras (Zac.). Es autor de Ella ama lo puerco que soy (2005) y Solo y sin bolsillos para meter las manos antes de llorar (Tierra Adentro, 2006), de donde está tomado este cuento.
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7 comments:
Breve y fuerte, como el momento de perversión fugaz que narra.
Hasta el momento, con las selecciones que has hecho Aurelio, le has dado frescura a este blog. Sigue así.
muy hardcore
concuerdo con eliud:
creo que el poner a aurelio como colaborador de este blog fue algo muy inteligente de parte de daniel porque lo ha revitalizado
un saludo a ambos
y a ver si luego me prestas ese libro
mejor que saque a Daniel del blog y deje sólo a Aurelio.
Coincido con Eduardo, ahora esta mas cuidado este blog.Saludos
Qué Daniel chingue a su madre
te agrasdesco por poner aqui este cuento y les invito a visitar el blog ultravomito
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