Redes
Por Svetlana P. Garza
“Tengo un tatuaje en la costilla izquierda y un departamento en planta baja”, Últimamente me da por presentarme así. En parte porque mi nombre no es del tipo que se queda retenido en la memoria, y, sobre todo, porque he encontrado que a los hombres, ambos datos, les resultan particularmente atractivos...
-¿Puedo verlo?
-¿El tatuaje o el departamento?
La reacción jamás varía En todos los casos los hombres piden la oportunidad de ver ambos, pero afirman ser capaces de conformarse con sólo uno. Esto, evidentemente, jamás es cierto. El orden casi siempre les resulta irrelevante. En sus pequeños pero inflamados egos, están convencidos, de que una vez que consigan ver uno, encontrarán su camino hacia el otro, aunque, si he de ser honesta, yo prefiero mostrarles el departamento primero, y luego hacerlos prometer alguna cosa absurda a cambio de mostrarles el tatuaje.
Con el paso del tiempo, logré inventar y perfeccionar la frase. Antes iba por lo tradicional: “¿Tienes Fuego?”, “¿En tu casa o en la mía?”, incluso, en algunas ocasiones, llegué a parafrasear a Joaquín Sabina: “Vivo justo detrás de la esquina, no recuerdo si tengo marido...”, pero esta frase me resultaba inefectiva, pues, a demás de ser muy larga, carecía de impacto a falta de contexto. Y los hombres, al darse cuenta de que mi casa no estaba “justo detrás de la esquina” sino unas cuadras más adelante, se mostraban irritados y muy poco cooperativos. Finalmente, tras varios encuentros furtivos y seducciones ocasionales, me he convertido en toda una experta, y muy rara vez me encuentro con este tipo de pormenores. Es decir, nunca se extinguen por completo, pero se reducen al mínimo.
Yo no entiendo a esas mujeres que se empeñan en decir “Yo no entiendo a los hombres.” Seguramente no tienen claro lo que quieren de ellos, o quieren cosas que ellos no pueden ofrecer (no porque no estén dispuestos, sino porque simplemente carecen de todas ellas). Pero de aquello que puede obtenerse, yo no tengo quejas...
“¿Has oído hablar de las viudas negras? El tatuaje en la costilla, eso es. Una araña, no una araña cualquiera, una viuda negra, y tú, su próxima cena...”
Acostumbro decir esto una vez en al auto, yo prefiero tomar un taxi, porque nos deja a ambos las manos libres, pero es un hecho que a algunas mujeres les excita tomar el control de la situación, mientras el hombre se encarga de mantener el control del auto. Que ellas hagan lo que quieran, yo he desarrollado mi propio estilo, aunque tampoco me opongo a los buenos clásicos.
Llevo un reloj guess contra agua en la muñeca izquierda, aunque nunca me han gustado los relojes. Germán tenía razón, todos somos esclavos del tiempo, pero yo me oponía firmemente a cargar con el grillete. Solo que este reloj tiene una buena historia, se lo robé a un sujeto, Adrián o Andrés, con el que me acosté una noche en un bar. Era el encargado del lugar, rodamos por el suelo frío, entre colillas de cigarro y vestigios de alcohol tras la hora de cerrar. (Eso sí estuvo bastante a lo Sabina, aunque no tanto como aquella vez en que yo atendía la barra de un bar y me encontré con un sujeto que conocía la referencia).
Germán, aquel nombre que antes mencione, no fue uno más que anoté en la lista, sino un hombre a quien de verdad amé, y que dijo que me amaba también. Porque no es que una sea incapaz de amar o ser amada, sólo no interesa. Aún conozco mujeres que opinan que sí interesa, de hecho algunas incautas me sugieren que debería volver a interesarme; y tampoco es que jamás se me haya ocurrido, pero existen caminos de los que no hay retorno...
Es un poco triste si lo piensas, pero más tristes son otros casos… otras mujeres.
¡Ya! Es viernes y se acerca la noche, da lo mismo bar o discoteque. El secreto no se encuentra ni en el rimel, ni el labial, sino en los pantalones entallados, en especial si de mis caderas se trata. Lo primero que hay que hacer es establecer dos cosas: Un radio y un rango de alcance. Porque a la distancia y alrededor no son lo mismo. Luego se hace una selección de probables víctimas (deben ser varias porque en estos menesteres también intervienen las estadísticas) posteriormente (esto lo saben todos) se busca el contacto visual, que, una vez conseguido, nos lleva, en realidad, demasiado pronto al: “¿Quieres bailar?” o “¿Estudias o trabajas?”, “¿Vienes sola?”. Para este momento uno sabe que las redes fueron tendidas no solo cuidadosa, sino eficazmente y puede entonces tomar acción tan libremente. Se acepta la pieza, la copa o el cigarrillo de manera ligeramente desinteresada pero distraídamente coqueta. El tiempo que pasa entre esto y la frase final que asegura el éxito no es verdaderamente importante, se trata de elegir el segundo preciso, que se da por sí sólo, y que con la práctica se aprende a reconocer. “Tengo un tatuaje…”. Y cuando uno se da cuenta, las ropas se arrancan tras cerrar la puerta, muchos ni si quiera se toman la molestia de llegar a la habitación, otros no prestan atención a la mentada araña en la costilla izquierda, unos terminan demasiado pronto o al contrario se toman demasiado tiempo por pensar que eso es lo que una espera, pero lo que una espera a estas alturas ya ha sido conseguido, el acto depredador ha sido realizado sigilosa pero vorazmente.
Luego, un cigarro post-coital, es la única libertad que me tomo en la sobre cama, nada de “¿A qué te dedicas?” o “¿Volveremos a vernos?”, nada de “¿Por qué no te quedas?”, o “Vamos a desayunar”. No. No se trata de comenzar relaciones, no se trata de correr más riesgos que los necesarios, no se trata de enamorarse, tan sólo de coger.
2 comments:
que?
algo nuevo en este blog?
se me hace una blasfemia
el sello personal de este blog es no actualizarlo nunca
jaja
un saludo
por cierto, que bien que ya anda Aurelio por aca a ver si eso ayuda a volver mas constante la entrada de material a este espacio
Está bien, está bien, lo admito soy una de ellas. Me gustó tu escrito no sabria decir(Probablemente no lo intentaré) que es. Pero me gustó ese tono frío que manejaste y todas las verdades que engloba. Solo una cosa, no nos delates...
Post a Comment