Saturday, January 13, 2007

La Noche Más Obscura
(por un servidor)
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.................................“A la muerte también se le puede ver caminando desde
..................................éste balcón; se le puede ver sentada, bebiendo de mis
..................................mejores botellas de vino italiano; se le puede distinguir
..................................claramente a través de las pupilas de la abuela loca
..................................parloteando algún doble discurso; se le puede degustar,
..................................y tocar, y ver comenzar a desmoronar al pequeño
..................................espacio llamado vida...”
..... .
-¿anís o licor de manzana?- fue la primera frase que parecía tener coherencia en toda la noche, puesto que era “lo único” que el muy miserable de Baldés tenía en su cantina personal para ofrecerme. Ensalivé mi lengua, levanté mi trasero de aquel fino sillón de piel, y en un respiro tracé en el aire el buen y sutil “jódete”; tomé mi abrigo y salí de su apartamento con paso acelerado...
Caminé por un largo pasaje hasta llegar a Insurgentes. Un destello desubicó mi presencia por un breve intervalo, miré mis dedos completamente rojos por el frío de medianoche y estiré mi mano en un antiguo método de detención del camión nocturno. Abordé colocando detenidamente cada uno de los pies sobre los escalones imprecisos, mis débiles dedos, tomaron el pasaje para introducirlo en la máquina, -buenas joven, muy temprano para irse, ¿no?- fue la musitada frase de procedencia dudosa al instante en que el individuo encargado del manejo del RTP (que se difuminaba en la obscuridad) me otorgó el boleto. Después, mi rostro giro 90º y fue entonces cuando pude observar a los pasajeros, silenciosamente indiferentes, sin rostro, como si fuese más que obvio el hecho de que tarde o temprano abordaría el colectivo. Caminé hasta el fondo con la impresión de que el camión se encontraba estático a pesar de que fuera de las ventanillas se demostraba lo contrario. Me senté en medio de algo que parecía una señora y dos sujetos y... ...ella me tatuaba su mirada desde el otro lado de la barra, yo sabía que era puta (pero no importaba), era aquel toque el que la volvía aún más exquisita... ...-¿va a bajar joven?- aún disperso, pude notar como el frío se había vuelto extremoso en el exterior, el vaho de las personas se distinguía como pequeñas chimeneas salidas de aquellas chozas japonesas de las películas de Kurosawa... ...toqué su hombro y al levantarse, pude percibir cierto aroma de sinceridad mezclado con una pizca de inocencia; deslicé mis dedos por su ombligo y ella me condujo a una bodega detrás de la barra donde pude hacerle el amor... ...-creo que ya está en hora de bajar joven- tuve deseos de raspar aquella brisa cristalina que se había formado en los bordes de los cristales, algo me decía que las ventanillas eran como yo, primero me había ido escarchando de los bordes de los dedos, piernas, brazos, luego pasaría a abarcar mi cabeza, cuello y pelvis, y por último se congelaría el corazón, el sofoque... ...cuando terminamos, ella tomó mi cartera y la guardó en su bolso, la miré fijamente y en un instante desapareció de la misma manera que la había conocido, sin decir una sola palabra. Regresé a la barra con una de esas miradas frías de indiferencia cuando “un consuelo” que apareció de la nada dijo -¡no te preocupes tío, suele suceder!- , el sujeto era dueño del bar y al parecer había sentido cierto agrado por mi persona; después, pude ubicarme subiendo en su automóvil con dirección a su hogar para continuar una borrachera que yo jamás había empezado... ...un estremecimiento me dio la impresión de que había transcurrido demasiado tiempo, me levanté, caminé hacia la puerta y presioné una tras otra el timbre que anuncia las bajadas; una voz bifurcada proveniente del conductor comentó –lo siento joven, se ha usted pasado y éste colectivo ya no hace paradas...- terminadas las últimas tres letras de la frase, pude vislumbrar un destello que rápidamente se impactó con el autobús...
-¿anís o licor de manzana?- fue la primera frase que parecía tener coherencia en toda la noche, puesto que era “lo único” que el muy miserable (dueño de un bar), tenía en su cantina personal para ofrecerme. Ensalivé mi lengua, levanté mi trasero de aquel fino sillón de piel, y en un respiro antes de trazar en el aire el buen y sutil “jódete”, pensé en que era relativamente temprano y no creí que hubiera una noche en la que se pudiera estar más muerto... Tomé asiento de nuevo y respondí hipócritamente –de manzana está bien...-

4 comments:

Anonymous said...

que bien que ya le metiste algo a tu blog

eduardodegortari said...

es bueno el cuento y estoy seguro de que lo había visto antes, neta.

Anonymous said...

Un buen cuento, tambaleándose entre la fantasía y la realidad, lleno de un misterio que caracteriza tus cuentos.
Un saludo desde el cráter más profundo en el lado oscuro de la luna

Lulú L. said...

ah! love it! seems a really mature short story for you age... you should call me... ;)