Tuesday, November 28, 2006

Cristo
(por Itzcoatl Jacinto Vergara)
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El sonido de la pequeña y dura flecha de acero introduciéndose rápida, pero plácidamente en la garganta del cura, provocó un erizamiento placentero en el hombre vestido de negro por la oscuridad del callejón. Una cascada sangrienta emanaba tranquilamente desde la garganta hasta el suelo, salpicando un poco los zapatos de doble tinta del criminal, quien se hizo a un lado con tal de no mancharse. El cura cayó al piso aprisionado por fuertes convulsiones en los miembros, los movimientos frenéticos de la víspera a la muerte; el hombre de negro sacó de su portafolio una lanza de titanio dividida en dos partes que unió, de un lado una punta agudísima y reluciente en forma de crucifijo era tocada por las yemas de los dedos. Levantó al sacerdote aún con vida y, sin desvestirle, comenzó a introducir lenta y dolorosamente la cruz demoníaca por el ano; el servidor de dios daba movimientos espasmódicos con tal de liberarse de su tortura, pero esto agravaba más las cosas, con cada sacudida del cuerpo permitía una entrada de dolor más intensa y el desgarre mayor de los tejidos, además los gritos que daba iban acompañados por escupitajos espesos de sangre, lo cual provocaba una doble salida del líquido rojo. Una carcajada discreta, opresiva a los oídos del cura escapó de los pulmones del asesino; poco a poco la vara metálica iba tomando lugar en el interior del cura pederasta, primero había destrozado por completo la cavidad anal, luego el colon, el estómago, la cavidad torácica hasta salir, ya sin reticencia del cura, por la boca, sellada por una costra seca de sangre. Incorporó el cuerpo inerte del sacerdote, clavó la parte sobrante de la lanza en el basurero cercano a ellos y ahí lo dejó tal monumento artístico dedicado a la vileza de la criminalidad, pero a una criminalidad conspicua, inteligente y escrupulosa. El cuerpo ultrajado todavía dio unos leves espasmos cuando el hombre de negro contempló con ferviente admiración su obra reciente; sacó un pañuelo de un bolsillo de su chaqueta y limpió las tenues manchas de sangre de sus hermosos zapatos. Lo tiró a la cara de su víctima, para después despojarse de sus guantes de cuero negro y guardarlos en las bolsas frontales de su pantalón. No contento con mirar únicamente el cuerpo, se acercó a él e hizo la señal de la cruz con la mano izquierda: “En el nombre del padre, del hijo y del espíritu, amén, padre hijo de tu puta madre, que el infierno sea peor de lo que te he hecho, pendejo, si es que en realidad existe. Espero… sí.”

Saturday, November 18, 2006

Leía
(por un servidor)
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Leía y esperaba y leía y llovía y seguía esperando, pero nadie llegaba... Al cabo de un rato, pausé mi lectura para mirar alrededor en un acto de esperanzada (pero inútil) búsqueda de un rostro familiar; después, me fue gracioso notar que un parapléjico (por mirarme con cierto gesto de desprecio), no se había percatado de que su pierna inerte rozaba directamente sobre el pavimento humedecido manchando su pantalón. Aquel acto, aquel instante, aquel gesto me hacía recordar cierta imagen de infancia; después, bajé la mirada y continué leyendo.
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vez desnuda, a Agnes, la heroína de mi novela. No soy capaz de apartar los ojos de esa hermosa mujer y... Todos gritaban y jugaban por el patio de la casa de tía Olga, en cambio, yo, miraba muy cuidadosamente los arreglos que hacía el tío Chingao sobre el viejo (colocaba un cuete por el bolsillo, otro en el zapato... ella, como si sintiera mi mirada, corre a vestirse a la habitación contigua. ¿Quién es Agnes? Al... uno más en el sombrero y terminaba bañando ciertos lugares estratégicos con un poco de gasolina). Al finalizar, el tío Chingao gritaba jocosamente -¡YA ES HORA!- y todos se acercaban sin agregar un pero a su palabra, se creaba un silencio peculiar (exceptuando claro, alguna que otra bala perdida que susurraba un -préndelo tío Chingao- de alguno de mis primos), todos se sentaban de forma que tuviesen un ángulo adecuado pero seguro para ver al viejo... igual que Eva provino de la costilla de Adán, al igual que Venus... Se escuchaba rasgar la cabeza del cerillo al momento de prenderse, el tío Chingao se acercaba cuidadosamente y con un movimiento ligero, lo lanzaba hacia el viejo, entonces, se hacía la luz. El viejo ardía como cada año y asombraba como nunca, debíamos de estar como a unos 40º ( sin contar los grados que aportaba el muñeco en llamas) y llenos de piquetes de moscos, pero la alegría que traía la quema del viejo, nos hacía olvidar cualquier malestar. Los cuetes reventaban, las cenizas saltaban y todos los niños (incluyéndome) gritaban y corrían a aventarle alguna paloma al muñeco incandescente. Yo notaba que mi madre no perdía un solo instante para mirarme con el temor a que me quemara, mi padre reía y conversaba con la familia y mi hermano simplemente se sentaba (serio) a observar al viejo... nació de la espuma del mar, Agnes surgió del...(1) A veces pensaba que el tío Chingao disponía de demasiada ropa y demasiado dinero, puesto que cada año él, vestía con sus ropajes al viejo, y lo llenaba de decenas y decenas de cuetes, palomas y demás; y a mí, con lo que me daban sólo me alcanzaba para un par de palomas y un carrete de cuetes. Entrada la celebración, el viejo comenzaba a despedazarse y por último se apagaba, nosotros pisábamos las pequeñas luciérnagas restantes y veíamos acercase a tía Olga con la escoba para barrer el cadáver. Tío Chingao se despedía del viejo con el rostro totalmente satisfecho y cada quien volvía a continuar con la celebración de fin de año...
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Regresé la mirada a la calle y pude ver a Eduardo cruzándola apresuradamente; cerré el libro, me levanté del suelo, lo saludé y ya encaminados hacia nuestro destino, Eduardo me dijo –nos hubiéramos metido a la casa de Roberto, me estoy orinando...-

(1) Fragmentos de la novela La Inmortalidad de MILAN KUNDERA.
Discurso del hombre que pela una mandarina
(por Iván Ortega)
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Yo no soy mas que aquél hombre detrás de aquella mesa de madera. Cuando la tarde cae a los pies de todos me doy cuenta de que es hora de estar detrás de la mes que me corresponde, y me siento en la silla más cercana a mi mesa y comienzo. La voy desvistiendo poco a poco con las yemas de mis dedos, pues desnuda me sabe deliciosa, en cambio, con aquélla gruesa capa de ropa su sabor se torna amargo.
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Discurso del hombre que miraba fascinado las estrellas
(por Iván Ortega)
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Aquel día miraba las estrellas fascinado. Me fascinaba el saber que por encima de mi flotaban aquellos puntitos lejanos y más me fascinaba aún, el saber que desde aquellos puntitos lejanos se verían más puntitos lejanos en los cuales es verían más puntitos lejanos. No podía alejar mi vista de aquel cielo nocturno que era iluminado por los puntitos lejanos, sólo apartaba mi vista para consultar mi reloj de mano o para ver cómo yacía muerto Ricardo. Nada me importaba, nada excepto mirar los puntitos lejanos e imaginar acerca de ellos. Los comencé a nombrar uno por uno, hasta que me di cuenta que jamás acabaría de nombrarlos de manera individual, así que comencé a dividirlos en grupos para poder nombrarlos. Al norte, estaban el grupo de los Julianes y de los que se llamaban David. Al sur se encontraba la sección de los Alfonsos y los Ricardos (en honor al cadáver que estaba tirado junto a mi). Al este de hallaba un solo grupo: los Rogelios. Y al sur, sólo había un puntito lejano al que le puse mi nombre; mi tocayo brillaba más que los demás puntitos, tal vez los demás tenían envidia de su brillo y por eso estaba solo. Me disponía a platicar con ellos, pero poco después de que aquella idea pasara por mi cabeza, salió el sol.

Thursday, November 02, 2006

Y de nuevo me encuentro aquí, molestando a todos los internautas con otra de mis poesías, pero en fin, espero que les guste.
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ASPHALTE ASPHYXIANT
(por un servidor)
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las calles también
tienen
sus muertos
......................diluidos
....entre el asfalto que
.....día a día........raspan cucharadas de soledad
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la calle también tiene
sus muertos
...................que miran....indiferentes a
...........................................la vida como si no fuera
.......................................................como si no existiera
.........muertos que
...............no
.......hemos nacido
....que miramos
.........instantes imprecisos
......................sobre un pergamino de segundos
muertos caminantes
que escuchan crujir
su ruido lleno de silenciosa estática
..........(gritos arrítmicos sin
...........palabras)
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...............las calles también tienen sus muertos
................codeándose uno sobre otro
.................para morir primero
.......(ellos
............también se asfixian de soledad)
y
a estas alturas
podría decir que
las calles.........tienen más vida......que sus propios
..............muertos...
Huetzkicorazón
(por Mardonio Carballo)
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Se cayó mi corazón
......................Se quebró
..................................Cayó mi corazón-sol
........................................................Y no puede amanecer
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Mi corazón partió
.......................Por ahí se fue
..................................Te fue a buscar
........................................................Y la tierra no se ve
No amanece en esta tierra
Esta noche eterna se vuelve vino para las estrellas
........................................................Y muchas caen
Y yo ya quiero que amanezca
Que el agua toque la tierra
Quiero ver un arco iris
Quiero ver el sol
Quero arrancarle su luz para ponerla en mi corazón
Quiero amanecer mi corazón
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Se cayó mi corazón
.......................Se quebró
...................................Cayó mi corazón-sol
........................................................Y no puede amanecer

Este señorón veracruzano es teatrero y escritor en náhuatl, tuve el gusto de conocerlo y leer a su lado en el festival de poesía en voz alta. Es colaborador en el noticiero de Hoy por Hoy a cargo de la sección Plumas de la serpiente ...y nosotros tenemos la palabra. Ha sido publicado por Ojarasca y por la revista oficial del Pen Club International en Londres Inglaterra; también se encuentra realizando un proyecto en el Canal 22.